Hasta que empecé a comprarme mi propia ropa, mi madre era la que me hacía casi todo lo que llevaba puesto. Faldas, pantalones, jerseis, camisas. En mi casa no había mucho dinero cuando yo era pequeña, así que había que ahorrar por donde fuera. Además, a mí me gustaba. Me parecía genial llevar ropa que nadie más llevaría. Era absolutamente original, y además, hecha perfectamente a mi medida. Lo cual, hoy en día es un lujo. Todavía hoy me hace algunas cositas, aunque ella tiene menos tiempo y es muy dificil probarse la ropa cuando nos vemos cuatro o cinco veces al mes.
En cuanto cumplí quince años juré que no me iba a casar, cosa que hasta ahora he cumplido. Pero eso no evitó que ella insistiera en hacer un poco de "ajuar". No ajuar en el sentido tradicional: diez juegos de sábanas, toallas para para una inundación... no. Entre ella y mi abuela me hicieron un precioso mantel de lino que no creo que use jamás por miedo a estropearlo y por miedo a plancharlo. Me bordó una sábana preciosa también y otro mantel. Todas esas cosas están guardadas, porque da pena usar diariamente cosas tan magníficas.
Cuando supo que nacería Migue, empezó a bordarle unas sábanas para la cuna. Y luego le hizo un edredón y una chichonera muy originales. De tela vaquera, con apliques. Me encanta. No he visto ninguno más bonito que estos. Además, ha heredado las sábanas de la cuna que usamos mi hermano y yo. No creo que pueda tener unas mejores. Además le ha hecho un metro para medir bebes bordado.
Mi madre es tremendamente creativa. No puede estar parada. Siempre está cosiendo, bordando, tejiendo... Pero es increible como diseña ropa, accesorios, cuadros... Mi abuela también hacía crochet y cosía genial, aunque ella no sabía diseñar tan bien como mi madre. Esto nunca se ha apreciado. No se le ha dado importancia. Es lo que las mujeres tenían que hacer. Sin embargo, es algo que roza el arte.
- Actualmente:
grateful
